- Es el final del baile, dijo ella, mirando la foto.
- vale para título, confesé con cierta nostalgia. -Me gusta tanto..., le dije. Miro la foto y me invade la nostalgia como un arrebato, ¿sabes?
Silvia me miraba un tanto sorprendida. No estaba en ese momento del mes y su felicidad era aún demasiado expansiva y por tanto en absoluto predispuesta a acariciar estados de ánimo más afrancesados, sin embargo me dejó seguir mientras servía el vino en mi copa. Las amistades tienen señales como pergaminos, cuando Silvia te sirve una copa está escribiendo un: sigue, por favor. Y seguí. Sostuve la copa en alto a contraluz para apreciar ese color teja tan prometedor de ese vino escogido con tanto mimo. Una primera vez me lo acerqué en su quietud y una segunda vez agitándolo suavemente para capturar uno a uno todos los aromas posibles. Un pequeño sorbo y el sabor esperado. - Gracias, Silvia, tiene un exquisito sabor aterciopelado, como a mi me gusta. Redondo y aterciopelado. - ¿quieres que siga hablando de tu foto?
- Sabes que sí, dijo acomodándose a mi lado.
- El blanco y negro, no puede haber sido casual, le dije. Me sobrecoge la nostalgia, Silvia, me sobrecoge un poco al abordaje, ya me conoces y otro tanto la medio invento para saborearla con más esencias. Cierro los ojos y os veo a Marcos y a ti deslizándoos en aguas calmas entronados en cubiertas de barcos de vapor de época e imagino un final del día más cercano a la piel, a la tierra como una nostalgia de raiers sobre troncos en el Noguera, río abajo. (No puedo traducirte la palabra raiers, esta demasiado arraigada al riego sanguíneo.Temo que, si la cambio, algo sutil se rompa y no pueda arreglarlo, simplemente confía). Silvia, me mira al tiempo que parece confusa pero finalmente me sigue diciendo:- está bien, raiers: algo rústico y bonito para acabar el día.
- Eso es, agradecí y continué...Al día siguiente despertaréis temprano, entre olores a hoja de tabaco húmeda y líquenes pero sólo hasta que los jazmines y el sol más cálido os lleven más al sur. Entonces, será el ladrido de los perros cuando despiertan al amanecer quienes os sorprenderán con el sudor en el cuerpo. Más tarde a la hora de la siesta, limonadas frescas bajo la sombra desesperada de la higuera. Cuando llegue el atardecer y os acompañe el ruido de grillos en la oscuridad, cuando os abrace la noche enredando la brisa fresca entre las hamacas ya no necesitaréis hablar, los silencios se hacen siempre dueños en los humedales, ¿sabías? Las ranas así lo han dispuesto desde hace cientos de años. Aunque eso sólo ocurre cuando hay cañaverales junto al río.
- ¿Todo eso ves en esta foto? dice Silvia, invitándome a seguir tan particular evasión.
- Claro! claro que sí! y mucho más le dije mientras buscaba esa mirada de amistad de los últimos veinte años para adivinar el camino que mis palabras debían andar sin perder tiempo. También veo lo guapa que estás...tu pierna buscando sus caderas y el beso. Tu pelo y esa rendición. Estás preciosa. Si fuera un hombre no podría dejar de mirarte, concluí.
- Su expresión se alejó unos millones de años luz por un instante justo antes de volver a mi más preocupada que intrigada para preguntar: - ¿y esas lágrimas Maite?
- ¿Las lágrimas?, susurré mientras apartaba de ella mi rostro con cierta timidez. ¿Mira ves? le expliqué, señalando las lágrimas que caían por el lateral de la copa. Las lágrimas Silvia, las lágrimas en el vino siempre indican la cantidad de alcohol y glicerina que contiene y estas tienen mucho cuerpo así que hoy dormiré pronto.
Antes de que pudiera decir nada, un tanto confusa, le di un beso en la mejilla y sin perder un segundo me despedí:- Descansa tus pies, cariño, que el baile tiene que durar mucho tiempo aún, la música nunca para si oyes bien. ¿Sabes qué? este vino me ha dado mucho sueño.
Un nombre casualmente cinematográfico. Me gusta pensar en los escritos como arbustos en un viñedo, sujetos a la tierra, ganando con los años el sabor del vino. Escribo mucho y de forma un tanto extraña. Entonces mejor un espacio amplio dónde dejar que las palabras,formadas al calor de la emoción,se eleven y formen nubes. Si no miras, no están, pero si observas, ellas se dejan imaginar con nuevos contornos llenando el cielo de promesas de lluvia.
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