domingo, 14 de julio de 2013

LOS TESOROS DE ALÍ BABÁ



Cuando llegó a casa no había nadie. Esperaba que hubiera alguien, por lo menos el perro. Necesitaba hablar y recibir un abrazo. dejó sus cosas en una silla y después de observar cada rincón del salón, abrió la ventana y se asomó a la calle. 


Sus ojos siguieron el vuelo de una paloma mientras inventaba un deseo en su mente.... si me llevara a ese lugar anónimo en el cual todo el mundo transita ajeno al secreto que esconde... llévame a la cueva de Alí Babá, pensó. Ese lugar resguardado donde guardamos la infancia y la inocencia, la mirada ingenua, la sorpresa..
No olvides hacerme llegar las palabras mágicas y por supuesto, mantener alejados a sus cuarenta ladrones.... 

Mientras su mente sonreía, le daba instrucciones a su paloma de vuelvos cómplices, ésta dibujó un arco en el cielo y regresó, con un giro inesperado, a posarse en el alféizar de ese apartamento en alquiler que ella ahora ocupaba. 


 Bien, pensó...sigamos jugando...así que entre estas paredes están....todas las riquezas escondidas...

Con ojos atentos paseó por el salón y así empezaron a despegar los significados de sus encierros....de todos los libros sus historias, de las historias sus personajes, de los personajes sus creadores... esas horas entregadas con tanto afán a descubrir lo que otros escribieron....Le gustaba escenificar en su mente cuando leía que, llegado el momento de parar, podia coger entre sus manos sus dedos, los de Rilke, los de Jane Austen, los de Kundera y todos los que se sentaban a escribir junto a su cama...le gustaba imaginar que, llegada la pausa necesaria, cogía de entre sus dedos la pluma, el bolígrafo y se sentaban a hablar o simplemente a estar en las palabras leídas, sin añadir ni una sola más... más tarde, quizás al día siguiente, devolvería a esos dedos la tinta y le pediría: cuéntame más...

Siguió caminando hacia su habitación, pasando por la cocina.... Cofres y baúles de esmeraldas y piedras preciosas se abrían paso a su alrededor, colgantes y monedas caprichosamente desbordándose entre los azulejos. Los aromas y los sabores del mundo aún sin inventar en potencia... el curry y la canela unidos en un espacio, el ajo, el tomate, la naranja y el comino....todas las culturas del mundo...recogidos.. como el legado de Marco Polo en pequeños frascos. 
Siguió caminando a la habitación  y encontró esas bonitas lámparas de aceite esperando ser frotadas, liberar al genio entre la colada  y alfombras, alfombras voladoras junto a la almohada...

En el baño encontró el  santo grial olvidado junto al espejo.: lo sostuvo entre sus manos, mientras decidió devolver su imagen  sin las formas alboratdas de un jersey y desabotonando la entrada a la inocencia viajó...viajar para des-cubrir con más curiosidad que asombro, las verdades escondidas en sus curvas. Siguió así la línea de su cuello y recordó las veces que ese cuello había redirigido su mirada de un lugar a otro, ese cuello cómplice que eligió tanto las presencias como las ausencias que ahora son parte de su memoria...como un periscopio estratégico eligiendo una y otra vez las coordenadas en las que navegar.
Y siguió descubriendo las curvas de esos pechos que otro cuerpo descubrió para ella y no pudo evitar recordar con cariño aquellos dedos expertos. Siguió y puso atención a las curvas que su abdomen descubría. Todos los caminos del mundo se apoyan en un centro de gravedad, todos los pasos del mundo en en suyo...ese abdomen que le hizo caminante por pura tenacidad. Las piernas las acarició con especial atención, como quién visita una máquina del tiempo, siempre dispuesta. Finalmente, en su perfil descubrió la hermosa curvatura de su espalda tan necesaria para bailar. 
Este grial peńsó... de la eterna juventud, no debe salir nunca al mundo, ni el mundo debe saber que existe. Mejor que este mundo siga creyendo en los cuerpos como formas, que juege a esconderlos y a exigirle capitulaciones al tiempo...mientras el mundo pierde la batalla en sus espejismos yo te mantengo a salvo. Seguirás siendo la expresión de todos mis mapas y viajes, la salvaguardia de mi suerte, mi mirada, mi acogida y sobretodo el lugar que habito y me dejo visitar. A tí que estuviste,a tí tí que estás y a ti que estarás en esta coreografía compartida que nunca acaba, desde el niño que te cambia el segundo con la ocurrencia, a quien te siembra sonrisas en la distancia. Siempre presentes en la identidad que me habita.

Dejó el baño, llegados a este punto, tenía ya demasiada inquietud para un cuerpo que no puede abrazar ni al perro de modo que con un impulso firme cogió el abrigo y se encaminó al puerto.

El puerto de Hamburgo es un lugar tremendamente acogedor para las mentes libres. Ahí desaparece todo lo superfluo, la marea se lo lleva fácilmente como náufrago... 
En el puerto, todo es solidez y firmeza,  nada se desplaza, nada cambia, nada se interpreta, todo permanece. La expresión del acero es contundente, el muelle es siempre previsible. Las matemáticas y la música son abrumadoramente compasivas con la naturaleza humana más vulnerable, por eso el trajín de los estibadores siempre le devolvía la calma , era como escribir notas en una partitura. Cada día, como una rutina, ella se acerca y se sienta de espaldas a la Iglesia de San Nicolás y dibuja la silueta del puerto con los ojos. Le gusta porque de noche se abandona al Elba, el Elba tampoco le confunde. Simplemente se cruzan en su continuo fluir hacia su su estuario, tienen ese encuentro, se saludan y se acompañan.

En ese momento sintió la brisa de un aleteo en su cara e incluso diría que le rozó el extremo de un ala. 

Los cuentos de niña siempre volvían de vuelta y Alí Babá le recordaba una y otra vez que los tesoros los desvela la palabra cuando creamos la narrativa de nuestra vida, cuando damos significado a la experiencia, cuando dialogamos con el que escribe, cuando saboreamos la historia que nos trajeron navegantes y comerciantes de otros siglos y cuando el cuerpo que nos permite darnos y sentirnos y vivirnos, lo amamos en su viaje de 20.000 leguas por lo que nos permite ser y no por quienes nunca fuimos..dejó volar la paloma y ya el frio le buscaba en su metro cuadrado otra dimensión en la que habitar, así que inició el regreso a casa.

Al pasar junto al taxi no pudo evitar mirar en su interior. Una pareja, separados sus cuerpos un metro, asomados en simetría a sus respectivas ventanillas, como si en su eje se hubiera trazado un abismo... y susurró en su dirección: ábrete sésamo.... ojalá haya puentes para vosotros esta noche.


Cogió el móvil. Se decidió a llamar. Apresurando el paso por el frio y la inercia de su inmensa suerte al otro lado se escuchó la familiaridad de una voz querida a quién contestó:


-Mejor te veo en casa. He estado leyendo y hoy te quiero desnudar. 


y en ese preciso instante, junto a la iglesia de San Nicolás una paloma levantó el vuelo.

jueves, 6 de junio de 2013

EMPIEZAN VOLANDO BOTELLAS Y ACABO RECORDANDO UN DOS DE DICIEMBRE.

Una mañana, de repente, todas las cartas que te envié en botellas de cristal de azúcar volaron de vuelta a mi.
Intenté cerrar a tiempo la contraventana, sin embargo no pude evitar que entrara aquella botella verde que reconocí de inmediato. Apenas si la  pude rozar con la yema de mis dedos antes de que impactara en el suelo de loza para acabar rodando hacia el centro de la habitación. En ese breve instante de parálisis en el asombro otras cinco botellas de cristal de azúcar entraron una tras otra, Estas te acompañarían en tu viaje, imagino...
Si el vértigo, el temor a lo desconocido no me hubiera hecho rehén del tiempo, quizás hubiera experimentado la emoción de lo mágico, proyectado en mi mente todas las leyendas de amistades imperecederas y hubiera disfrutado de recordarte repentinamente después de tantos años. Pero era todo tan rápido, tan inesperadamente esperanzador que me estremeció una emoción demasiado sobrecogedora. Faltándome reflejos aún, entraron como un séquito excepcional un par de ruiseñores, un jilguero y un precioso verderón que se acomodó junto al alféizar. Finalmente cerré la contraventana. 
Ay! Josep Ramón... los recuerdos se abalanzaban sobre mi como un tsunami imparable mientras miraba la botella en el suelo aún rodando e intentaba imaginar una coreografía de malabares que me permitiera mantener tanta locura en cierta cordura y así evitar colapsar. Pero finalmente cerré los ojos y me detuve en la mirada del último día que te vi. Un dos de diciembre cuando nos repartieron los exámenes de matemáticas y no dejaste de mirarme de aquella manera que no supe entender. No supe entender pero quise volver a buscar a la mañana siguiente. Ese día que se me abrió el cuerpo de par en par y te llevaste diez millones de sueños dejando espacio para que se acomodara el desaliento. Todo era tan absurdo, pero aquella moto te atropelló a la salida del instituto. Podrías haberme dicho que querías volar a otros cielos, no me hubiera esforzado en entender qué había cambiado en ti   Durante meses te envié diariamente mis cartas hasta que olvidé tu mirada, finalmente me olvidé de ti. Quizás sólo me mimeticé con quienes querían que tu pérdida no fuera un drama incómodo teatralizado en cartas.

Un sonido me interrumpió el pensamiento... era aquella botella verde, ¿la recuerdas? aquella única que elegí para tí en el color de los pinos junto al Mediterráneo... era ese sonido característico del vidrio acariciando la loza mientras frenaba lentamente. Frenó abatiendo un libro junto al revistero. Al principio no reconocí el libro y sólo cuando, estando a su lado leí : Hanasaka Jisan., fue que supe que habías vuelto.


Los vecinos tuvieron que escuchar mis carcajadas cuando al rozar la botella los cerezos del libro empezaron a florecer... florecían en colores de saturación exquisita, derrochando  vida. Florecían como palomitas alegremente, desbordando la página, extendiendo su manto de pétalos en la habitación. Entonces volvieron a mi  todas aquellas tardes de invierno cuando mis padres no nos dejaban salir a la calle y nos sentábamos en los módulos de la habitación. Seguro que habías olvidado que llamábamos así a aquellos sillones acolchados que daban la espalda a la puerta y convertían el dormitorio en nuestro búnker de intimidad, inocente intimidad, maravillosa amistad. Leíamos incansablementes cuentos y más cuentos. Cuentos japoneses y rusos y chinos y árabes, cuentos clásicos y la oveja negra de Augusto Monterroso que tanto te gustaba. Pero este era sin duda uno de nuestros favoritos. Calladamente lo hicimos un himno, ¿verdad?. Hanasaka Jisan.... leí en voz baja levanté la botella como un trofeo. Una brisa suave acarició mi rostro y los vecinos siempre cómplices con lo inaudito decidieron que Maria Callas podría acompañarnos dando voz a Madame Butterfly....


Sabía que no habías vuelto después de tantos años para llenar mi habitación de flores de cerezos, ruiseñores, o Puccini... sabía que después de más de veinte años de olvidos habría algo de aquellas cartas que te mandé que quisiste devolverme, pero con sinceridad me costaba recordar esas semanas después de tu muerte. Creo que las viví a golpe de llanto y claudiqué a lo obvio para esconderme en las rutinas.


Me senté, cerré los ojos para recordar una vez más tus ojos pardos y tu sonrisa de instituto y abrí la botella. Cayó una moneda, sonreí, cayó una flor de cerezo, sonreí nuevamente y cayó finalmente un trocito de papel. Lo leo y traduzco:

"Cuando leíamos nuestro cuento ... secretamente pensaba que eras mi amigo del alma. Sabía que contigo siempre florecerían los cerezos, que nos gustaba ese cuento porque encontrábamos cobijo en él. Me has hecho reir tanto sobretodo cuando me provocabas el ingenio para hacerme hablar y luego reírte de mí, conmigo... ¡Vamos!,¡ No puede haber mayor riqueza que esa!. Se muy bien que te gusto callada también por eso ahora te escribo. Me dejas un poco sola pero no estés triste. Te llevo como una semilla de bondad para plantarla en cada espacio de mi vida, en cada curva, en cada incertidumbre y si algún día Josep Ramon intuyes que olvido nuestro cuento y el sentido que nos unía a él. Con la misma dulzura que te fuiste dejándome una mirada indescriptible, vuelve y recuérdame... Recuérdame por favor, en tributo a todos los recuerdos que ya no tendremos,  que lo que no se da, se pierde".





lunes, 3 de junio de 2013

UNA FOTO DE PELÍCULA. ESTE RELATO DEDICADO A SILVIA Y MARCOS. MI PARTICULAR REGALO DE BODAS.

- Es el final del baile, dijo ella, mirando la foto.

- vale para título, confesé con cierta nostalgia. -Me gusta tanto..., le dije. Miro la foto y me invade la nostalgia como un arrebato, ¿sabes?

Silvia me miraba un tanto sorprendida. No estaba en ese momento del mes y su felicidad era aún demasiado expansiva y por tanto en absoluto predispuesta a acariciar estados de ánimo más afrancesados, sin embargo me dejó seguir mientras servía el vino en mi copa. Las amistades tienen señales como pergaminos, cuando Silvia te sirve una copa está escribiendo un: sigue, por favor. Y seguí. Sostuve la copa en alto a contraluz para apreciar ese color teja tan prometedor de ese vino escogido con tanto mimo. Una primera vez me lo acerqué  en su quietud y una segunda vez agitándolo suavemente para capturar uno a uno  todos los aromas posibles. Un pequeño sorbo y el sabor esperado. - Gracias, Silvia, tiene un exquisito sabor aterciopelado, como a mi me gusta. Redondo y aterciopelado. - ¿quieres que siga hablando de tu foto?

- Sabes que sí, dijo acomodándose a mi lado.

- El blanco y negro, no puede haber sido casual, le dije. Me sobrecoge la nostalgia, Silvia, me sobrecoge un poco al abordaje, ya me conoces y otro tanto la medio invento para saborearla con más esencias. Cierro los ojos y os veo a Marcos y a ti deslizándoos en aguas calmas entronados en cubiertas de barcos de vapor de época  e imagino un final del día más cercano a la piel, a la tierra como una nostalgia de raiers sobre troncos en el Noguera, río abajo. (No puedo traducirte la palabra raiers, esta demasiado arraigada al riego sanguíneo.Temo que, si la cambio, algo sutil se rompa y no pueda arreglarlo, simplemente confía). Silvia, me mira al tiempo que parece confusa pero finalmente me sigue diciendo:- está bien, raiers: algo rústico y bonito para acabar el día.
 - Eso es, agradecí y continué...Al día siguiente despertaréis temprano, entre olores a hoja de tabaco húmeda y líquenes pero sólo hasta que los jazmines y el sol más cálido os lleven más al sur. Entonces, será el ladrido de los perros cuando despiertan al amanecer quienes os sorprenderán con el sudor en el cuerpo. Más tarde a la hora de la siesta, limonadas frescas bajo la sombra desesperada de la higuera. Cuando llegue el atardecer y os acompañe el ruido de grillos en la oscuridad, cuando os abrace  la noche enredando la brisa fresca entre las hamacas ya no necesitaréis hablar, los silencios se hacen siempre dueños en los humedales, ¿sabías? Las ranas así lo han dispuesto desde hace cientos de años. Aunque eso sólo ocurre cuando hay cañaverales junto al río.

- ¿Todo eso ves en esta foto? dice Silvia, invitándome a seguir tan particular evasión.

- Claro! claro que sí! y mucho más le dije mientras buscaba esa mirada de amistad de los últimos veinte años para adivinar el camino que mis palabras debían andar  sin perder  tiempo.  También veo lo guapa que estás...tu pierna buscando sus caderas y el beso. Tu pelo y esa rendición. Estás preciosa. Si fuera un hombre no podría dejar de mirarte, concluí.

- Su expresión se alejó unos millones de años luz por un instante justo antes de volver a mi más preocupada que intrigada para preguntar:  - ¿y esas lágrimas Maite?

- ¿Las lágrimas?, susurré mientras apartaba de ella mi rostro con cierta timidez. ¿Mira ves? le expliqué, señalando las lágrimas que caían por el lateral de la copa. Las lágrimas Silvia, las lágrimas en el vino siempre indican la cantidad de alcohol y glicerina que contiene y estas tienen mucho cuerpo así que hoy dormiré pronto.

Antes de que pudiera decir nada, un tanto confusa, le di un beso en la mejilla y
 sin perder un segundo me despedí:- Descansa tus pies, cariño, que el baile tiene que durar mucho tiempo aún, la música nunca para si oyes bien. ¿Sabes qué? este vino me ha dado mucho sueño.

jueves, 9 de mayo de 2013

ATRAS DEJO LA BARANDILLA


Atrás dejo la barandilla de mi balcón, casi flotando y disfrutando del aire en la cara mientras escucho una vez más un par de compases de New Dawn Fades.
La tierra se acerca a mi todo lo rápido que puede. Extiendo los brazos para fundirme en un abrazo... pero antes dejarme que os cuente mi historia.

Cuenta mi abuela que el día que yo nací colgaron en el puerto de Gloucester un atún gigante de 900 libras. Al día siguiente, todos los periódicos locales publicaban la noticia con fotos en primer plano de ese atún capturado en el Benjamin Isherwood. Por fin el atunero consiguió estar por unas horas a la altura del desproporcionado nombre que había recibido de un mal patriota. Lamentablemente,  apenas una reseña en uno de esos panfletos aspirantes a periódicos, narró en tres líneas junto a una modesta esquela, el fallecimiento de mi desgraciada madre. Falleció desangrada ese mismo día, en esa misma  cubierta, cuando mi cordón umbilical se enredó fatalmente con una inoportuna red de pesca. A los atuneros más proclives a las fábulas y leyendas les gustaba ilustrarme, según crecía y me hacía mayor el modo y  el cómo las tres sangres se fueron mezclando hacia proa. Alguno incluso afirmaba que tardaron días en limpiar la cubierta de tanta fatalidad.

Imaginaréis que crecí escuchando a mi abuela decir que aquel día fuimos capturados los tres: mi madre, el atún y ....  Solía contar mi abuela también, que el resto de cordón fue lanzado al mar junto con la red y entonces, como  si generaciones enteras de la familia  hubieran sido testigos de lo que ocurrió a continuación, narraba como un banco entero de atunes gigantes acudieron a la llamada de un cebo de vida nueva. Entonces me decía, dignificando a todo un pueblo,  nadie se atrevió a capturar ninguno de aquellos ejemplares por miedo a que una maldición extraña me llevara a mi también, como se había llevado a mi madre. 

Pero he de confesar que  nunca creí en tales fábulas. Sólo la más absoluta ignorancia podía generar la creencia de que mi carácter introvertido y un tanto arisco se debía a un alma capturada en un instante y para la eternidad en una red, como una prisión, en el fondo del mar.  Veréis nadie consiguió nunca entender lo rematadamente feliz que era yo en mi soledad llena de significados. Siempre empeñada mi abuela y la maestra en rescatarme de mi mismo para condenarme a esos estúpidos juegos de niños de correr tras pelotas y cuerdas, o andar sobre ruedas desafiando la gravedad con el objetivo de perder la libertad de elegir. Nunca supieron el placer de descubrir constelaciones en cada forma y en cada grabado de arena junto al mar , el placer de proteger mis constelaciones, no compartiéndolas con niños torpes y repetitivos incapaces de ver nada más allá de lo que otros pusieron en sus miradas. 

- ¿Qué haces allí en la playa, cada tarde solo? - ve a jugar con los otros niños, decían. ¿No sabían que ellos creen que las constelaciones son inexplicables horóscopos de visionarios asustados queriendo dar sentido a un devenir irremediablemente desconocido?. Creen que llenan de propósito el vacío cuando en realidad llenan de vacío todo los propósitos. 

Más adelante fue aquella novia insulsa que insistía en guardar esas formas que si se guardan se mueren como muere el pez que se guarda en un cajón. Después descubrí que no hay diferentes novias, son siempre la misma, cambiando de nombre y algún que otro olor distinto. Todas acababan durando lo que conseguía mantener la respiración en ese desasosiego de análisis y predicciones necesarias. En algún momento decidí  que ya le había dado suficientes oportunidades a esa camaleónica forma de afecto con distintos colores para una misma piel.

Después fueron todos esos colaboradores, vecinos, compañeros... tantos nombres para esos mismos hombres desconocidos de si mismos. Si hay algo sorprendente, es lo iguales que son las personas que se desconocen a si mismas.El desconocimiento es tan homogéneo como la nada. Es algo parecido a las novias... al final son siempre el mismo hombre relacionado en distintas distancias, como el zoom de una cámara, por más que cambie la imagen siempre devuelve el mismo objeto.

A lo largo de estos años siempre me asaltaba la misma pregunta: -¿Cómo será posible que consideren mi silencio, mi absoluta independencia y libertad una cárcel del alma? 
Nunca conseguí entender cómo pudieron ver inadaptación,  en un acto de amor y coraje tan absoluto como cuando conseguí cortar todos los grilletes centenarios que pretendían encadenarme a la tradición y la genealogía. ¿En qué momento pudo alguien ver adaptación en la más cobarde asimilación?

Por todo esto, quería contar antes de irme mi historia y así advertir:

A todos aquellos que sientan la tentación de lamentar mi viaje, debo decir que siempre estuve de viaje. 

A todos aquellos que lamenten mi partida, debo decir que esta es quizás la única partida que voy a ganar, puesto que es la única partida que he decidido jugar.

A todos aquellos que sientan lástima y crean que  tuve una vida triste y maldita desde que el mar capturó  mi alma, debo decirles que mi vida fue maravillosa en todos aquellos momentos que pude huir de todos y cada uno de los cebos de su compasión. Que, toda vez que pude huir de sus cantos de sirena, sus normas de museo de ciencias naturales y de sus formas de cuadrícula desgastada  mi vida fue una fabulosa encrucijada.
Hay constelaciones que me echarán de menos y formas que mis dedos modelaron que echarán de menos mis atenciones. Habrá destinos dónde mi mente dispersa voló, que dejarán la puerta abierta de par en par y un pasillo de farolillos encendidos esperando mi vuelta. 

A todos aquellos que creyeron que mi carácter extremo escondía una huida constante, debo decirles que voy hacia el encuentro en un viaje hacia el inicio y rebobino el tiempo perdido en la huida definitiva, el final de la espiral.

Y una advertencia os dejo, a los más atrevidos, a los menos valientes cuando  alarguéis el brazo del juicio hacia mi viaje. Yo ya no estaré para ejemplificar tus imágenes. Ten cuidado no te encuentres al final de tu juicio con tu espejo y vayas a ver reflejado en él lo que escondiste en mi historia.

domingo, 5 de mayo de 2013

BUSCANDO TÍTULO


Estaba con María en una terraza. A un par de mesas un chico no dejaba de mirarme. Se levantó, se acercó a nuestra mesa y me dijo: Ayer soñé contigo. 
Lo raro es que yo ya había soñado con él aunque apenas si podía recordar nada del sueño.
Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, la inquietud se abalanzó sobre mí paralizándome como camisa de fuerza sobre esa primera emoción. Blindó mi voz bajo un silencio impuesto y precipitó el recuerdo como una descarga rápida que avanzaba a una velocidad extrema. María, que recibió en frecuencia femenina el impacto del aturdimiento inicial  se apresuró a intervenir.

- Pues, fíjate que raro- ironizó desafiante mi amiga-  porque yo también soñé ayer contigo. Sin embargo, no pensé que fuera necesario incomodarte en tu mesa con una observación tan personal e invasiva porque seguro que recordarás que fue en extremo decepcionante. Con clara intención de ahuyentar al extraño continuó : -¿Me explico, verdad? No hubo final feliz de ningún tipo para nosotros de otro modo hubiera  sido realmente extraordinario coincidir hoy en el mundo de la vigilia y la cordura. Ahora si nos disculpas..., finalizó.

Pero él seguía imperturbable, la mirada fija en mi, con tal persistencia que rozaba el más absoluto descaro. Inamovible y totalmente ajeno a las palabras de María, tan seguro de si mismo, con mirada insistente finalmente se desplomaron todas mis defensas y evitando a toda costa mirar en dirección a María, empecé a enumerar lo más ordenadamente que pude, lo que mi mente entendía que era la combinación necesaria para la salir del laberinto sueño-vigilia.

- De acuerdo, le dije con bastante solemnidad, creo: 

-Aparecías en blanco y negro, tan sólo un punto de libro color magenta asomaba de una edición antigua del Sefer ha-Qabbalah.

-Tenías un reloj de bolsillo en el lado derecho de tu chaleco..Lo cual, por cierto, falta a la elegancia siendo como eres diestro. 

-Reclamaste como propias reiteradamente, contra mi testarudez las palabras de quién yo defendía como mi querido amigo Bernard Shaw: "Oh! the tigers will love you, there is no sincerer love than the love for food". Además, fuiste muy desagradable en tus observaciones al respecto, esto también debo decirlo.

- Como  parecías disfrutar de sembrar polémicas en mi vida, según tú  tan sólo aparentemente apacible. Describiste la campana de Gauss como un ataúd para la momias de la realidad probable para quienes, según tú, estamos plenamente fuera de la probabilidad media. (creo que esas fueron exactamente tus palabras)

-Por último, - Aquí tuve que hacer una pausa e intentar disimular un cierto temblor en mi voz mientras bajaba la mirada: - Por último, me recordaste que enumerara esta observación la última y por obligada cortesía hacia tu virilidad. Dijiste que debería recordar en alto que no tenías intención de tomar por ofensivas en modo alguno, las palabras de mi amiga María, porque ciertamente antes de que diera por finalizado el sueño, tu y yo, tendríamos  ese momento que escapara a la decepción. - Ruborizarse no es malo, dijiste a continuación.

María, no daba crédito a mis palabras, la situación era absurda, nunca me había oído hablar así. Más adelante me confesaría que,  por un instante, creyó que quizás aquello formara parte de algún juego de rol de adultos no se atreviéndose a interrumpir. Aún así le extrañaba que yo nunca le hubiera mencionado nada. Básicamente oscilaba entre la incredulidad y la locura.

El, sin embargo, cuando acabé mi enumeración exhaustiva sonrió complaciente, alcanzó una silla, le dio la vuelta y se sentó apoyando sus brazos sobre el respaldo tal y como habría hecho un niño. Miró a María con ese brillo de juego interminable y a mi con la satisfacción de quién ha colocado la última  ficha en casa.

- ¿Puedo invitaros? preguntó.

A continuación, él extendió su mano derecha hacia la mía  sujetándola con el pulgar bajo la muñeca. Mientras claramente parecía  estar tomando mi pulso como rutina.

- Aturdida, mientras mi pulso se desbocaba bajo su pulgar, sólo alcancé a decir: - eres zurdo.


viernes, 3 de mayo de 2013

64 CASILLAS


Cuando se abrieron las puertas del ascensor, ahí estaba él. De espaldas no me había visto aún, pero era él.

Por un instante dudé en dar media vuelta y evitar el encuentro pero recordé, de otras tantas ocasiones, que a cada media vuelta del corazón la mente se empeña en recorrer los 180º restantes con suposiciones de historia ficción repletas de subjuntivos.

Así que, como de decisiones se alimenta el destino decidí permanecer estoicamente inmóvil.

Se acercó dirigiéndome apenas una mirada como un paréntesis y pasó de largo no sin antes rozar mi mano izquierda con decisión. Ni un paso atrás, me dije y me encaminé hacia el ascensor. La prisa precisa, sin mirar atrás, no sin antes oír desde el otro lado del vestíbulo:


- Jaque a la dama, (pausa dramática) cariño...


¿ Será que puede un corazón dejar de latir ? Cuando se cerraron las puertas del ascensor, ahí estaba yo... atrapando con dedos torpes las olas de cambiante dirección y las corrientes oceánicas de sentido único y también todos los silencios y algún que otro bostezo de insomnio involuntario. Los guardé dentro del bolsillo interior de mi bolso, ese que tiene cremallera y es lo suficientemente pequeño para pasar desapercibido al tacto y esperé el inevitable bucle en el tiempo.


Cuando las puertas del ascensor se abrieron, ahí estaba él con un guante blanco en una mano y la otra desvestida. De espaldas no me había visto aún, pero era él.

Me acerqué dirigiéndole apenas una mirada dirigida al último beso y puse en su mano, sin roce alguno, un bolso escondiendo brújulas y todas las mareas secuestradas. Me encaminé hacia la salida, la prisa precisa , no sin antes decir:

- defensa holandesa, mi amor, (pausa dramática) Jaque Mate.


Y por supuesto que miré hacia atrás. Carcajadas sin fin al otro lado del vestíbulo, mientras mareas y corrientes le explicaban al oído todas las confidencias que escondí.


Y ahí mismo me dije: - No sonrías, no sonrías... pero lo hice y es que, a veces, me desobedezco. Así que, en aquel mismo escenario, me sugerí (para no dar pie a la desobediencia) :Sabes qué? Más elegante será no tener bajo tus pies 64 cuadrados sobre los que elegir destinos algebraicos.


Desde aquel día, juego a borrar los límites de cada casilla.

CUANDO CIERRO LOS OJOS


Voy en tren, en el asiento junto a la ventana y en el sentido de la marcha. Es mi asiento favorito.
Así, se desplaza mi quietud sobre raíles bastante previsibles hasta que cierro los ojos y la soledad momentánea del vagón me lleva a todos los paisajes posibles.
Es una soledad irreal, porque viajo acompañada de multitud de olores que aparecen y desaparecen como un juego de luces: el olor a humedad, la resina de pino y el tabaco de pipa...también me acompañan palabras como piñatas, y en ellas siempre suenan los armónicos.. Esto es un secreto.. también viaja en este tren un huracán... de verdad.... los domo, pero sólo si son auténticos. Verás si es un auténtico Huracán... en el ojo encontrarás la quietud, por lo tanto... tan sólo es preciso buscar la mirada precisa para entender esos universos que giran y giran en aparente caos.... y desde el ojo, como un director de orquesta cada huracán tiene toda la fuerza de inacabables sinfonías.
Pero ya te he dicho que esto ocurre cuando corro las cortinas como párpados de otro modo...los abedules y algunas gaviotas alejadas de puerto se acercan a saludar con prisa.