Un nombre casualmente cinematográfico. Me gusta pensar en los escritos como arbustos en un viñedo, sujetos a la tierra, ganando con los años el sabor del vino. Escribo mucho y de forma un tanto extraña. Entonces mejor un espacio amplio dónde dejar que las palabras,formadas al calor de la emoción,se eleven y formen nubes. Si no miras, no están, pero si observas, ellas se dejan imaginar con nuevos contornos llenando el cielo de promesas de lluvia.
viernes, 3 de mayo de 2013
64 CASILLAS
Cuando se abrieron las puertas del ascensor, ahí estaba él. De espaldas no me había visto aún, pero era él.
Por un instante dudé en dar media vuelta y evitar el encuentro pero recordé, de otras tantas ocasiones, que a cada media vuelta del corazón la mente se empeña en recorrer los 180º restantes con suposiciones de historia ficción repletas de subjuntivos.
Así que, como de decisiones se alimenta el destino decidí permanecer estoicamente inmóvil.
Se acercó dirigiéndome apenas una mirada como un paréntesis y pasó de largo no sin antes rozar mi mano izquierda con decisión. Ni un paso atrás, me dije y me encaminé hacia el ascensor. La prisa precisa, sin mirar atrás, no sin antes oír desde el otro lado del vestíbulo:
- Jaque a la dama, (pausa dramática) cariño...
¿ Será que puede un corazón dejar de latir ? Cuando se cerraron las puertas del ascensor, ahí estaba yo... atrapando con dedos torpes las olas de cambiante dirección y las corrientes oceánicas de sentido único y también todos los silencios y algún que otro bostezo de insomnio involuntario. Los guardé dentro del bolsillo interior de mi bolso, ese que tiene cremallera y es lo suficientemente pequeño para pasar desapercibido al tacto y esperé el inevitable bucle en el tiempo.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, ahí estaba él con un guante blanco en una mano y la otra desvestida. De espaldas no me había visto aún, pero era él.
Me acerqué dirigiéndole apenas una mirada dirigida al último beso y puse en su mano, sin roce alguno, un bolso escondiendo brújulas y todas las mareas secuestradas. Me encaminé hacia la salida, la prisa precisa , no sin antes decir:
- defensa holandesa, mi amor, (pausa dramática) Jaque Mate.
Y por supuesto que miré hacia atrás. Carcajadas sin fin al otro lado del vestíbulo, mientras mareas y corrientes le explicaban al oído todas las confidencias que escondí.
Y ahí mismo me dije: - No sonrías, no sonrías... pero lo hice y es que, a veces, me desobedezco. Así que, en aquel mismo escenario, me sugerí (para no dar pie a la desobediencia) :Sabes qué? Más elegante será no tener bajo tus pies 64 cuadrados sobre los que elegir destinos algebraicos.
Desde aquel día, juego a borrar los límites de cada casilla.
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