Voy en tren, en el asiento junto a la ventana y en el sentido de la marcha. Es mi asiento favorito.
Así, se desplaza mi quietud sobre raíles bastante previsibles hasta que cierro los ojos y la soledad momentánea del vagón me lleva a todos los paisajes posibles.
Es una soledad irreal, porque viajo acompañada de multitud de olores que aparecen y desaparecen como un juego de luces: el olor a humedad, la resina de pino y el tabaco de pipa...también me acompañan palabras como piñatas, y en ellas siempre suenan los armónicos.. Esto es un secreto.. también viaja en este tren un huracán... de verdad.... los domo, pero sólo si son auténticos. Verás si es un auténtico Huracán... en el ojo encontrarás la quietud, por lo tanto... tan sólo es preciso buscar la mirada precisa para entender esos universos que giran y giran en aparente caos.... y desde el ojo, como un director de orquesta cada huracán tiene toda la fuerza de inacabables sinfonías.
Pero ya te he dicho que esto ocurre cuando corro las cortinas como párpados de otro modo...los abedules y algunas gaviotas alejadas de puerto se acercan a saludar con prisa.
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