domingo, 5 de mayo de 2013

BUSCANDO TÍTULO


Estaba con María en una terraza. A un par de mesas un chico no dejaba de mirarme. Se levantó, se acercó a nuestra mesa y me dijo: Ayer soñé contigo. 
Lo raro es que yo ya había soñado con él aunque apenas si podía recordar nada del sueño.
Sin embargo, antes de que pudiera reaccionar, la inquietud se abalanzó sobre mí paralizándome como camisa de fuerza sobre esa primera emoción. Blindó mi voz bajo un silencio impuesto y precipitó el recuerdo como una descarga rápida que avanzaba a una velocidad extrema. María, que recibió en frecuencia femenina el impacto del aturdimiento inicial  se apresuró a intervenir.

- Pues, fíjate que raro- ironizó desafiante mi amiga-  porque yo también soñé ayer contigo. Sin embargo, no pensé que fuera necesario incomodarte en tu mesa con una observación tan personal e invasiva porque seguro que recordarás que fue en extremo decepcionante. Con clara intención de ahuyentar al extraño continuó : -¿Me explico, verdad? No hubo final feliz de ningún tipo para nosotros de otro modo hubiera  sido realmente extraordinario coincidir hoy en el mundo de la vigilia y la cordura. Ahora si nos disculpas..., finalizó.

Pero él seguía imperturbable, la mirada fija en mi, con tal persistencia que rozaba el más absoluto descaro. Inamovible y totalmente ajeno a las palabras de María, tan seguro de si mismo, con mirada insistente finalmente se desplomaron todas mis defensas y evitando a toda costa mirar en dirección a María, empecé a enumerar lo más ordenadamente que pude, lo que mi mente entendía que era la combinación necesaria para la salir del laberinto sueño-vigilia.

- De acuerdo, le dije con bastante solemnidad, creo: 

-Aparecías en blanco y negro, tan sólo un punto de libro color magenta asomaba de una edición antigua del Sefer ha-Qabbalah.

-Tenías un reloj de bolsillo en el lado derecho de tu chaleco..Lo cual, por cierto, falta a la elegancia siendo como eres diestro. 

-Reclamaste como propias reiteradamente, contra mi testarudez las palabras de quién yo defendía como mi querido amigo Bernard Shaw: "Oh! the tigers will love you, there is no sincerer love than the love for food". Además, fuiste muy desagradable en tus observaciones al respecto, esto también debo decirlo.

- Como  parecías disfrutar de sembrar polémicas en mi vida, según tú  tan sólo aparentemente apacible. Describiste la campana de Gauss como un ataúd para la momias de la realidad probable para quienes, según tú, estamos plenamente fuera de la probabilidad media. (creo que esas fueron exactamente tus palabras)

-Por último, - Aquí tuve que hacer una pausa e intentar disimular un cierto temblor en mi voz mientras bajaba la mirada: - Por último, me recordaste que enumerara esta observación la última y por obligada cortesía hacia tu virilidad. Dijiste que debería recordar en alto que no tenías intención de tomar por ofensivas en modo alguno, las palabras de mi amiga María, porque ciertamente antes de que diera por finalizado el sueño, tu y yo, tendríamos  ese momento que escapara a la decepción. - Ruborizarse no es malo, dijiste a continuación.

María, no daba crédito a mis palabras, la situación era absurda, nunca me había oído hablar así. Más adelante me confesaría que,  por un instante, creyó que quizás aquello formara parte de algún juego de rol de adultos no se atreviéndose a interrumpir. Aún así le extrañaba que yo nunca le hubiera mencionado nada. Básicamente oscilaba entre la incredulidad y la locura.

El, sin embargo, cuando acabé mi enumeración exhaustiva sonrió complaciente, alcanzó una silla, le dio la vuelta y se sentó apoyando sus brazos sobre el respaldo tal y como habría hecho un niño. Miró a María con ese brillo de juego interminable y a mi con la satisfacción de quién ha colocado la última  ficha en casa.

- ¿Puedo invitaros? preguntó.

A continuación, él extendió su mano derecha hacia la mía  sujetándola con el pulgar bajo la muñeca. Mientras claramente parecía  estar tomando mi pulso como rutina.

- Aturdida, mientras mi pulso se desbocaba bajo su pulgar, sólo alcancé a decir: - eres zurdo.


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